LA GLOBALIZACIÓN
      Perspectivas desde Euskal Herria

      Antxon Mendizabal


      ANEXOS

      Anexo 1 - Colonización, Estado-Nación e Identidad

      Los pueblos oprimidos resienten la profunda violencia del desarrollo capitalista, de la metrópoli o del Estado-Nación que trata de disolver y aniquilar progresivamente su identidad. Recordemos aquí con Frantz Fanon que la humanidad del colonizado/da debe de ser inevitablemente negada y devaluada para que el proceso de dominación colonial y nacional pueda mantenerse.

      La identidad aparece entonces, para los pueblos oprimidos, como el componente básico de todo proyecto emancipador; como el intento de recuperar plenamente esa humanidad devaluada. Mediante la negación de la identidad de los pueblos oprimidos, el colonizador y el Estado-Nación, convierte a los seres humanos en "indios", "autóctonos" e "indígenas" (es decir: mitad personas y mitad bestias), reducidos en la psicolingüística imperial-racista al folklore y a la decoración, representando unos mundos a los que se aplicará, al objeto de romper su autoestima, toda clase de términos estigmatizantes y peyorativos.

      Este proceso de destrucción de la identidad de las comunidades humanas es un proceso extremadamente violento y se realiza mediante la aplicación masiva del terror (físico, cultural y espiritual). Se trata en última instancia de que el pueblo oprimido interiorice como "normal y natural" su situación de subordinación y alienación. Así, sobre las ruinas de la propia personalidad, el imperialismo y el Estado-Nación convierten al miembro del pueblo oprimido en ciudadano/na obediente y adaptado a sus designios, en esclavo/va mental.

      Para ello, es necesario también romper su conciencia y recuerdo histórico, de manera que solo pueda reflejarse en la cosmovisión impuesta por el dominador. Así, con la inestimable ayuda de un colectivo intelectual prestigiado y comprado por el poder, las masas aculturizadas reproducen la situación de opresión y alienación convirtiéndose en los mayores detractores de su identidad nacional y en los mayores defensores de la cosmovisión y proyecto imperial.

      Ahora bien, un pueblo sin identidad es un gigante miope; incapaz de destruir las cadenas seculares que le han sido impuestas. Contribuir a recuperar esa identidad, es precisamente darle un proyecto, aumentar su capacidad de resistencia y desarrollar su voluntad de determinación.

      La historia de los modernos Estados-Nación está construida con verdaderas guerras de exterminio cultural y físico contra las nacionalidades diferenciadas. De esta manera, la realidad de los pueblos oprimidos es el resultado de un proceso atroz. Demasiadas veces, como consecuencia de las políticas de genocidio implementadas por el Imperialismo y el Estado-Nación, encontramos a estos pueblos diezmados, humillados, aculturizados y cuasi aniquilados, de manera que su problemática fundamental en este período de su historia es el de su supervivencia física y cultural en el interior de los espacios jurídico-políticos de los Estados Nacionales constituidos.

      No obstante, de una manera general los proyectos nacionales de los pueblos oprimidos son irreversibles y sus programas sociales y políticos expresan una voluntad de vida que rompe el cuadro histórico de los Estados-Nación para plantear una alternativa nueva de civilización.


      Anexo 2 - Crítica a la Civilización Occidental

      Alfred A. Knopf precisa en su libro "Culture and imperialism" (89) que no es ninguna casualidad si la edad de oro de la novela inglesa corresponde precisamente a la época del esplendor colonial. En ella se presenta a las colonias como propiedades que se explota, visita y aprecia, pero que quedan para el uso exclusivo de las metrópolis. Los indígenas son ignorados, puesto que no tienen existencia, ni historia, ni cultura que sean dignas de mención sin referencia a occidente. Para el mismo autor, las obras de André Malraux o de Albert Camus demuestran la incapacidad de la conciencia humanista occidental para cuestionar el principio de la dominación colonial. En ellas, los indígenas están ausentes de todo protagonismo y no son mas que el cuadro exótico que decora las angustias existenciales de los colonos. (90)

      A su vez, rememorando el auge del integrismo, Ghassan Salame escribe: "Los islámicos han ganado popularidad aplicando los programas que los regímenes nacionalistas habían formulado, pero que no habían sabido llevarlos a la práctica. Ellos representan una gran movilización contra la dependencia y los privilegios de una minoría que mantiene en la miseria a la mayoría social. En este sentido, las mezquitas se llenan allá donde éstas se han transformado en centros de acción política contra el Estado y éstas se vacían en los paises donde el islamismo ha tomado el poder". (91)

      El discurso occidental defiende que el desarrollo es la base de los derechos de la persona, mientras los pueblos oprimidos comprueban que es precisamente lo contrario: en base al nuevo desarrollo económico se ha destruido su identidad y sus condiciones de vida y su cultura están amenazadas por una forma de desarrollo que ellos no han elegido, siendo ésta una de las causas mas poderosas de violencia y guerra en el mundo actual. En nombre del desarrollo económico, la praxis occidental desintegra o asfixia las culturas de los pueblos dominados, sin percatarse que está atentando contra las libertades y derechos fundamentales de las personas de esas colectividades.

      Roger Garaudy sitúa dos desviaciones para explicar la desastrosa gestión que la civilización occidental ha realizado durante mas de cinco siglos. La primera la ubica en el principio de la libertad sin límite del mercado. Ello explica que la distancia entre el Norte y el Sur se haya duplicado en 30 años y la existencia de una economía occidental marcada por la enorme supremacía de la especulación sobre la producción. La segunda desviación la ubica en el hecho de que el mercado se convierte en el único regulador de las relaciones sociales, transformando de esta manera todos los valores en valores mercantiles y convirtiendo el dinero en la unidad de medida de todo lo que existe. En base a este análisis, el nuevo orden internacional no es mas que el fin de un ciclo histórico de cinco siglos, cuyo balance global está sintetizado en esa bomba de miseria que mata por hambre o desnutrición el equivalente a una bomba de Hiroshima al día.

      El fundamentalismo occidental, el más terrible de los fundamentalismos terribles, globaliza el mundo entero. En la base de su núcleo dogmático: la hegemonía del mercado, el Estado-Nación, la democracia representativa y la fe ciega en el desarrollo de la técnica, se transforman en ángeles exterminadores que, en la era moderna, arrasan el planeta y azotan la humanidad.

      El pensamiento occidental transforma las entrañas de los principios que defiende. Así, el liberalismo se traduce en la dominación de los monopolios, la igualdad en las leyes se convierte en el aplastamiento de los débiles, la fraternidad en la voluntad de poder y dominación, el desarrollo de la individualidad en ese hombre unidimensional sometido a las exigencias del beneficio y a los requisitos del poder.

      El pensamiento occidental reduce la persona al número, sustituyéndole por el individuo. De esta manera reduce el ser humano a una cosa que mas o menos se puede clasificar y manipular. Pero olvida que la dimensión cultural de la persona no se puede cuantificar, ni tampoco clasificar. Raimon Panikkar precisa que cada cultura es un universo y no solo una forma de ver y de vivir la realidad, sino que es otra realidad. Y mas tarde precisa: "Esta realidad yo no la veo. Es el otro/otra el que me la hace ver, quien me la revela cuando le escucho. Y le escucho solo cuando le quiero. Y le quiero solo cuando le conozco". (92)

      El discurso occidental distorsiona la "interculturalidad", identificando su cultura como la cultura universal y sus valores como los valores universales. Si por algo se ha caracterizado el pensamiento occidental ha sido por su incapacidad en respetar y reconocer la "diferencia", es decir, por su incapacidad para pensar en el "otro". Así, cuando la izquierda eurocéntrista habla que todo el mundo tiene la misma personalidad quiere decir que no puede haber otra personalidad diferente a la que domina. Cuando habla de tolerancia quiere decir que permite que la inmensa mayoría de culturas dominadas y ahogadas psíquica y espiritualmente puedan malamente respirar en el interior de un orden cultural mundial que se impone sobre la diversidad cultural de la humanidad. De esta manera la interculturalidad se convierte en monólogo intercultural.

      Sin embargo, desde una sola cultura no se puede hacer interculturalidad, pues para resolver el problema humano se necesita constantemente la presencia, la inquietud, la amenaza, la ayuda, el amor del otro/otra. La interculturalidad exige pues un diálogo horizontal en al menos dos dirección y en al menos dos lenguas.

      El discurso occidental habla de igualdad jurídica de los ciudadanos ante la ley para terminar con la igualdad de derechos de los pueblos y culturas; obliga a los pueblos dominados a que demuestren su derecho a la existencia, mientras proclama el derecho del dominador a la violencia y a la opresión.

      El discurso occidental nos recuerda que hay problemas comunes, como el hambre, la guerra, la violencia, etc. (provocados por su dominación cultural), pero olvida que no hay soluciones comunes; nos habla de "alternativa", pero se olvida que sólo existen "alternativas"; nos habla de cultura universal, pero se olvida que solo es universal lo pluricultural; sustituye la persona por el individuo, pero se olvida que cada persona es insustituible. En otras palabras, la cultura occidental, la de los Estados Unidos y la de los Estado-Nación es la forma fundamental de la cultura antiuniversal.

      En suma, hay tres grandes obras realizadas por occidente: hacer que la destrucción de la personalidad cultural de los pueblos oprimidos tome el cariz de un proceso civilizatorio, crear por doquier "harkis" de piel negra y alma blanca colaboradores de la destrucción de sus propios pueblos y universalizar una estructura psicosomática apta para mundializar la explotación asalariada.


      Anexo 3 - Eurocentrismo versus Izquierda.

      El eurocentrismo, en su versión de izquierda, es la corriente de pensamiento que niega el carácter global de la reproducción ampliada del capital, reduciéndola a su exclusiva expresión económica. Es aquella corriente que quita corazón, tecnifica y deshumaniza el movimiento de emancipación. Afecta a la cosmovisión del oprimido/da, vaciándole de su fuerza vital. Y la impide ver que el nivel de resistencias nacionales existentes hoy en nuestro planeta posibilita un "nuevo internacionalismo" que neutralice la lógica de ganancia y reproducción global (económica, política, cultural) del capital.

      El eurocentrismo niega o menosprecia la Autodeterminación de los Pueblos, convirtiendo a los ciudadanos/nas del pueblo oprimido en "objeto" de la política socio-económica o de las decisiones emanadas, en instancias foráneas, por los demás. El eurocentrismo niega a los miembros de las nacionalidades y culturas diferenciadas su calidad de personas adultas, de sujetos sociales de su propia historia, de sujetos de su propia civilización. De esta manera reduce a las personas de estas colectividades a la categoría de las "cosas vivas", negándoles su humanidad específica (su dimensión política, cultural, lingüística, afectiva, etc.) y ubicándoles en el estadio de meros "instrumentos" del proceso de producción.

      De una manera general sintetizaríamos las principales características del pensamiento eurocéntrista en los siguientes postulados:

      • El economicismo, como corriente ideológica que justifica de hecho el proceso civilizatorio (lingüístico-cultural-religioso) del dominador y niega así la humanidad específica del explotado/da, al que solo ve como sujeto de clase (en su concepción mas reducida) carente de identidad propia.

      • La manipulación del concepto de la unidad de clase contra el enemigo común (planteado de forma abstracta y sin precisar las bases que consolidan esa unidad). Que cierra las puertas a la implementación de proyectos específicos emancipatorios y de civilización para los pueblos oprimidos.

      • El mantenimiento del Estado-Nación, en el interior del cual en condiciones opresivas y desfavorables, se trata de plantear una serie de concesiones o una serie de competencias políticas, territoriales y culturales a determinadas comunidades nacionales.

      • La reducción del sujeto social a la clase trabajadora, reproduciendo así los prejuicios (gran nacionalistas y burgueses) contra las nacionalidades diferenciadas y ocultando el carácter heterogéneo (social, ideológico y cultural) del sujeto social real que lucha por la emancipación en las diversas formaciones sociales.

      • La democracia representativa, tratando de justificar un entramado jurídico-político en el que se sustituye la democracia y la participación por la partidocracia (que aspira al bipartidismo), al servicio de grupos de poder privilegiados que reproducen las graves limitaciones estructurales de estas sociedades.

      • La estrategia parlamentarista, tratando de plantearla como única vía de transformación social y haciendo abstracción de que la voluntad popular también se vehiculiza en las mil iniciativas de la sociedad civil.

      • Los procesos de democratización, en los que siguiendo el modelo español, se establece una dialéctica entre el poder permanente (ejército, aparato del estado, estructura legal, justicia...) y el poder temporal (ejecutivo y legislativo) de manera que este último opta por autolimitar el proceso de democratización y priorizar sus intereses propios, haciendo cuerpo con el poder permanente en la represión de los sectores sociales que reivindican los derechos democráticos.

      • El paternalismo, por el cual la izquierda europea del Estado-Nación en forma mesiánica (considerando su concepción de progreso y revolución como la única legítima) trata de liberar a las naciones oprimidas, olvidando que son estas últimas el sujeto de su propia emancipación.

        El eurocentrismo finge liberar a los pueblos en un mundo que no es de éstos, sino del dominador, reduciendo, en su versión economicista, la cosmovisión de los pueblos oprimidos, de manera que transforma "la nueva civilización a crear" en la nueva organización socio-económica de la actual sociedad. El proyecto mas profundo del eurocentrismo es insertar todo movimiento de emancipación en las coordenadas economicistas e individualistas de la civilización occidental, es decir, en la aceptación de ese modelo de civilización ya mentado, que estructurado en el imperialismo y en el Estado-Nación, avanza arrasando pueblos, carece de tolerancia y capacidad de diálogo hacia la "diferencia" y destruye todo tipo de biodiversidad.


      BIBLIOGRAFIA

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